
En el primer día de las Jornadas Lecheras Nacionales en TodoLáctea, la forma de mirar a los tambos de una manera más innovadora fue el eje de la convocatoria en el auditorio principal “Jorge Chemes”.
Alejandro Palladino arrancó con una disertación que disparó la inquietud de “Cómo repensar la gestión tambera en tiempos de estabilidad macroeconómica. Resiliencia y reseteo, ingredientes para la supervivencia en el tambo del futuro”.
El experto de la Fundación Instituto de la Leche repasó variables de los tambos, del manejo de los animales, enfatizando que “el consumo de materia seca explica el 80% de la producción de leche, por eso ustedes como productores deberían obsersionarse con eso”, dando a entender que todos los aspectos de la producción influyen, pero algunos tienen más injerencia.
Lo que sugiere Palladino es mejorar la gestión del riesgo dentro de la variabilidad, que es intrínseca al sistema. Para esto se debe superar “el problema de la integración de los datos”, para pasar de tener información a conocimiento dentro de cada unidad productiva, siendo la inteligencia artificial la oportunidad de colaborar en la congruencia de todas las variables.
Siendo que la robotización es una realidad, “estamos en un cambio tecnológico, donde lo que más influye es la velocidad”, aunque nadie sabe cómo va a afectar el aumento de la tecnología en la vida común y por supuesto, en el sector lechero.

Sin embargo, “la comunicación y la empatía van a seguir siendo las características principales” que sirvan como diferencial para las personas, ya que hoy “el conocimiento es un commodity” y el valor agregado se debe conseguir con la manera de desempeñarse, más allá de lo que se sabe como base.
Para Palladino, “el bienestar y la salud animal es uno de los factores que más impacto tiene sobre la eficiencia de los sistemas actuales, con lo cual existe una necesidad imperiosa de mejorar el entendimiento de nuestra información”, es así que “para tomar decisiones lógicas no se puede avanzar sin datos.
Pensar en los galpones
Abriendo un bloque sobre Estabulación, el canadiense Brian Rodenburg, CEO de inBarn Farm Team, brindó detalles sobre “Ajustes en los diseños, las tecnologías y la operatividad en sistemas estabulados free-stall”.
Desde su mirada, Argentina está en un proceso en el que Estados Unidos y Canadá estaban en los años ´60, con vacas pastando, pero en el norte del continente la decisión de encerrar animales estuvo en las últimas décadas más orientada a mejorar la relación del precio de la tierra, pero también a reducir la huella de carbono, sobre todo porque en su país, la producción de leche orgánica tiene un pago extra de 21 centavos de dólar.
Los beneficios de un freestall es que en general bajan los costos un 50%, si bien tienen una gran inversión inicial, la recuperación está en el bienestar animal y la relación de la mano de obra, además del ahorro en la utilización de la tierra, que es el principal costo para un productor.
Una mayor automatización, menos tiempo dedicado al movimiento de vacas son conceptos que mejoran la relación del trabajo y los resultados en los animales que consiguen condiciones más agradables para producir leche.
La prioridad a la hora de pensar en un galpón puede ser el confort de la vaca, el estilo de vida del productor, la inversión, los costos de mantenimiento, el tipo de producción que se busca, estas opciones pueden ayudar a mejorar la selección del sistema.

A largo plazo hay que pensar en “a dónde se quiere ir a futuro”, porque cada diseño tiene que tener un tamaño de hasta cuatro veces el actual, para conseguir en algunos años un beneficio económico a la hora de crecer, que puede incluir un rodeo más grande, un cambio en el sistema de ordeño, por eso hay que planificar todo, arrancando por el sistema de camas que es el que define el tipo de infraestructura que se necesita, pero con una base sólida en el sistema de ventilación.
Luego viene la escala de flujos, de espacios para todo, de las vacas, de las personas, de los equipos y máquinas, del aire, pero sobre todo el flujo de dinero “porque a todo esto hay que pagarlo”. Crecer hasta los 40 litros por animal es clave para sustentar el sistema.
Sobre “Cómo lograr una correcta estabulación de vacas en cama de compost”, el brasileño Adriano Seddon, socio director de Cowcooling, habló sobre errores frecuentes y ajustes que deben hacerse en las camas de compost.
Habiendo desarrollado el primer compost en Brasil en 2012, para vacas cruza, entendió que no sólo se trata de darle a las vacas sobra y agua, sin embargo, son dos variables clave.
Bebederos y espacios que puedan ser lavados de forma constante, formas que no sean golpeadas por la maquinaria, brindar un mayor espacio a la línea de comida para reducir comportamientos agresivos y mejorar la ingesta.

Sobre la cama de compost, “la ventaja es la liberación del calor”, destacando que no es la alternativa para todos los tambos, ya que con las condiciones climáticas promedio, quizá el freestall es una mejor opción para la principal región lechera en Argentina, tal como sucede en el sur de Brasil.
Según su experiencia, se deben recambiar entre tres y seis metros cúbicos de cama por año, mientras tengan el mantenimiendo de al menos dos veces por día utilizar maquinaria para removerla. El uso de ventiladores es clave para que el sistema haga su proceso.
Las vacas que hay que encerrar son las de preparto y secas, seguidas por post-parto, las enfermas, en lo que podría ser un podio seguido por las demas categorías.
El confinamiento es tan importante como el enfriamiento de los animales.
“Cuidar la cama es como cuidar a las vacas, porque las camas están vivas y necesitan una reposición constante de material seco, sin sobrepoblar los espacios, junto con ventilación suficiente”.
La opción del drylot
En el final de la primera parte, Juan Monge, se encargó de desarrollar las alternativas de los Drylot, que siguen creciendo en la región semiárida de Córdoba.
Como asesor, consultor, y docente universitario, habló sobre los corrales móviles. Con el denominador común de comederos de los que se cae la comida, deben ser anchos y profundos para mejorar el momento de la alimentación, deberían ser también fáciles de limpiar. La opción es una pista de alimentación, con el ancho que permita la circulación de maquinaria, mientras los animales comen. Los arrimadores de comida permiten alimentación todo el día, menor selección y más productividad.
Las aguadas tienen que ser accesibles y cómodas para las vacas, con diseños lineales o circulares, existiendo una por corral, a menos de cien metros de los comederos y las camas.

Sistematizar los corrales es estudiar las pendientes, hacer los niveles, abovedar zonas para camas, sombras y bebidas.
“Nada funciona si no tenemos protocolos de manejo”, en el sentido de usar rabastos, limpieza, palas, para remover la materia orgánica de la superficie y evitar que contenga el agua en caso de precipitaciones, sin profundizar las camas.
El barrido de las pistas de alimentación tienen que tener frecuencia, con una base de tres veces por día, siendo la gestión de efluentes un punto crucial.
“Los drylot son económicamente rentables”, con baja inversión de ingreso, flexibles para crecer o adaptarse, pero con un manejo que requiere atención y método, con planificación y disciplina.
