Tecnología, bienestar y salud son las variables de base en los tambos

Con un auditorio completo, la Jornada Aprocal se enfocó este año en “Salud, calidad y eficiencia”. Además, se entregaron los premios a la excelencia y buenas prácticas en el tambo.

El gerente de Desarrollo de Mercado Latam para DeLaval, Enrique Bombal, disertó sobre “Conexiones vitales: bienestar animal, sostenibilidad y la filosofía de una sola salud”.

El chileno es referente en bienestar animal a nivel regional y global y se orientó en demostrar que los sistemas productivos pueden ser verdaderamente sostenibles cuando se los mide con indicadores concretos.

El encuentro propuso un doble abordaje, el marco de los Objetivos de Desarrollo Sostenible de Naciones Unidas y su llamado a producir alimentos de manera responsable; por otro, la manera en que el bienestar animal se convierte en una herramienta clave para alcanzar esas metas.

Se discutieron ejemplos prácticos vinculados a la lechería, desde la reducción del hambre y la mejora de la calidad de vida a través de dietas más equilibradas, hasta la disminución de residuos de antibióticos en productos de origen animal, como aporte directo a la salud pública.

Bombal subrayó que en esta región se observa un avance sostenido. Si bien persisten brechas según las áreas de trabajo, se percibe un cambio positivo, los productores y las industrias ya no se limitan a proclamar la sostenibilidad como un modismo, sino que buscan aterrizarla en herramientas reales y medibles.

El interés creciente de los productores por sumarse a estas iniciativas marca un paso hacia la acción concreta. El proceso depende también de los estímulos de la industria, “bonificaciones por calidad de leche, reducción de penalidades y mecanismos de agregado de valor que incentiven la mejora desde la base”.

Hablando de “salud de vacas de alta producción lechera, claves para maximizar la rentabilidad”, Matías Stangaferro, dejó en claro que el universo de los sensores en la lechería ya no es una promesa, sino una realidad que atraviesa al productor en su día a día.

En apenas una década se multiplicaron las marcas, los algoritmos y las aplicaciones, con un foco cada vez más preciso en la salud de las vacas de transición y en la detección temprana de problemas durante el período de vaca fresca, ese tramo crítico donde se juega buena parte del futuro productivo del animal.

El PhD en Ciencia Animal (Cornell University) asesor en Dairy Health & Management Services y docente de UNL, planteó que la discusión no pasa solo por “cuán bien funcionan” los sensores, sino también por el costo de los falsos positivos: cuántas vacas sanas terminan siendo señaladas como enfermas y cuánto trabajo extra implica esa alerta. Allí se abre un abanico de experiencias, tambos con monitoreo intensivo que al incorporar sensores logran afinar la detección y tambos con seguimiento más relajado que encuentran en la tecnología un salto cualitativo, aunque con expectativas distintas.

La recomendación inicial para un tambo promedio, de unos 3.500 litros, es dar el primer paso invirtiendo en tecnología que permita que el productor cuente con “información individual de producción de leche por vaca. Esa herramienta permite decisiones prácticas y certeras sobre el arranque de la lactancia, el descarte o la continuidad de un animal, algo imposible de definir con una simple foto mensual”.

A partir de ahí, la elección de sensores depende de las necesidades y realidades de cada tambo, sobre todo enfocando en las prioridades y oportunidades de mejora.

Como para tenerlo en cuenta, la tecnología ofrece beneficios inmediatos, mientras que el mejoramiento genómico es una inversión continua con resultados a mediano y largo plazo. La cadena ya vive una revolución en este campo, con rodeos que en diez años podrían estar completamente genotipados, abriendo un horizonte de decisiones mucho más sofisticadas.

El límite, sin embargo, aparece en el análisis de datos. La inteligencia artificial promete achicar esa brecha, pero todavía depende de la calidad de los registros y de la integración de sistemas que hoy funcionan como compartimentos estancos. “El cuello de botella” es la falta de interoperabilidad, porque cada empresa busca retener al productor dentro de su propio ecosistema, cerrando APIs y dificultando la combinación de softwares de ordeñe, collares o nutrición.

“La tecnología avanza más rápido que la capacidad de validarla y analizarla. El productor se ve desbordado por información que muchas veces carece de validación independiente, obligándolo a confiar en datos generados por las propias empresas proveedoras”.

Para Stangaferro, hay que aprovechar la explosión de sensores y algoritmos sin perder de vista que la verdadera revolución llegará cuando exista integración, transparencia y validación externa que den al productor certezas y no solo promesas.

Tambos ganadores
Al finalizar el evento, la Asociación Pro Calidad de la Leche hizo entrega de los premios a los tambos más destacados.

Los tambos participantes presentaron 12 meses consecutivos de mediciones de 2025, sobre recuento de células somáticas, recuento bacteriano total, ausencia de inhibidores, control de crioscopia, temperatura de arribo y certificados sanitarios actualizados de brucelosis y tuberculosis.

Con tres finalistas por categoría, el ganador en tambos de menos hasta 5.000 litros, fue “Los 4 Nietos” de la Flia Veiga de Luján, en la provincia de Buenos Aires.

En la categoría de más de 5.000 litros, fue Grupo Chiavassa de Carlos Pellegrini, Santa Fe. En tanto, se entregaron dos menciones especiales por el mejor recuento de células somáticas, en los tambos de hasta 5.000, para Tambo San Antonio; y en más de cinco mil litros, a Campazú SA.

Tambo Los 4 Nietos, ganador categoría hasta 5.000 litros.
Tambo Grupo Chiavassa, gandor por segundo año consecutivo en categoría más de 5.000 litros.
Mención especial (hasta 5000 litros/día). Tambo San Antonio, mejor recuento de células somáticas 2025.
Mención especial (más de 5.000 litros/día): mejor recuento de células somáticas – Campazú SA.
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